Memoria de mis putas tristes

Mucho ruido y pocas nueces.

Afrontar el reto de hacer una película a partir de un libro editado previamente es siempre una ecuación difícil de resolver. Pero si el autor de la novela es Gabriel García Márquez, la tarea se vuelve poco menos que imposible.  Y no sólo por la capacidad de abstracción que guionistas y director  deben  hacer para convertir el texto en imágenes, sino también por las servidumbres que la producción asume para llevar a cabo un proyecto fílmico que, aunque inicialmente destinado al éxito dado el tirón y el reconocimiento que un laureado premio  Nobel  tiene, esas mismas ventajas de partida en los aspectos de publicidad y distribución, se convierten en un lastre que acaban repercutiendo en el resultado final que se proyecta en la pantalla y que es, en definitiva, lo que el público juzga.

Vamos por partes. La novela, y por ende la película, se basa en la premisa de un anciano que el día que cumple noventa años, decide darse una fiesta en un burdel con una niña  virgen de 14 años, pero que, llegado a la hora de la verdad y con la niña dormida en la cama, sólo puede mirarla y reflexionar, rememorando su propia vida, sobre la vejez y el amor.  No se trata aquí de hacer una exégesis del texto de García Márquez, inspirado en la novela de Yasunari Kabawata, La casa de las bellas dormidas, pero el texto, además de un buen punto de inicio, está plagado de frases excepcionales. Recomendable. Aunque con grandes frases no se hacen grandes películas.

No es baladí el hecho de que el director y alma mater del proyecto sea Henning Carlsen, Dilemma (1962), Hambre (1966), Oviri (1986), Pan (1995), director danés de 85 años, llevando a la gran pantalla la obra de un renombrado autor de 85 años, su agente literario es Carmen Balcells,  sobre las tribulaciones de un señor de 90. Primer punto de atención para la producción. Pretender levantar un rodaje en el que debe aparecer una niña de catorce años desnuda, sin que se te echen encima todas las asociaciones en defensa de derechos habidos y por haber del mundo mundial, tiene menos futuro que el encargado de vestuario de una película porno. Segundo punto de atención para la producción. Creer, seguramente helados por el frío danés, que plantear el rodaje en un país caribeño como Cuba primero o Puebla en México, ayuda económica incluida, después,  facilitaría las cosas, es,  como mínimo, una falta de visión estratégica  imperdonable por decirlo suave. Seis años para levantar el proyecto. Tercer punto de atención para la producción.

El resultado final es que se acaba rodando en Campeche, México, a hurtadillas, y la niña de catorce  se convierte en una chica de veinte años interpretada por una actriz de treinta. Nos hemos cargado la premisa inicial.

En esos casos es difícil, porque no estás en la cocina, entender las razones contractuales o económicas, tal vez sentimentales, que hacen que, a pesar de todo, los proyectos sigan adelante contra viento y marea y que, como estaba previsto, acaben estrellándose contra un iceberg. No hay nada nuevo bajo el sol.

En cuanto a los aspectos meramente artísticos, el elenco está debidamente desproporcionado con un Emilio Echavarría que hace un esfuerzo ímprobo por ser un anciano de 90 años pero con resultados desiguales, según secuencia, unas Geraldine Chaplin y Ángela Molina que no acaban de cuajar en sus papeles, da la impresión  que no se los creen,  y un casting de secundarios que parece reclutado por el antiguo método marinero de la leva  en las calles de San Francisco de Campeche. Cosas de la producción.

Técnicamente y dando por supuesto los esfuerzos y el interés de Carlsen y todo su equipo en provocar una mínima reacción en los que, sentados en un cómodo sillón con palomitas y Coca Cola en ristre, tienen la última palabra, la película transcurre a duras penas. Debo de reconocer que mi crítica no es del todo ecuánime porque en algunos momentos me dormí. Insoportable el ligero desenfoque que tenía toda la proyección, tal vez la copia o que el proyeccionista también sucumbió en los brazos de Morfeo.

En fin, en el cine muchas veces, o casi siempre, el director quiere pero la producción no puede.

Acerca de enriquepallas

Me he dedicado siempre a la comunicación y con este blog quiero dar salida a todos aquellos materiales que cuando realizas un trabajo de documentación quedan fuera por diversas razones.
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