La Valencia del Cid

Este es el texto correspondiente al fascículo número 6 del volumen LA VALENCIA MUSULMANA publicado el 6  de Marzo de 1998 y correspondiente al caballo.

LA VALENCIA DEL CID. Alberto Herranz

Hacia el año 1010 Al-Andalus se estaba desmembrando en distintos reinos que se llamaron taifas, ta´ifa quiere decir partido. Las razones fueron más debidas a un debilitamiento interno que no relacionadas con sus enemigos cristianos. Algunas de las causas del deterioro progresivo que sufrió en su última época el antes poderoso Califato de Córdoba fueron:
a/ La falta de control del poder central sobre las diferentes etnias que formaban la sociedad en Al-Andalus. Ello contribuyó a una escasa articulación de la estructura social en el territorio.
b/ La transmisión del poder por vía hereditaria, que generó en algunos casos gobernantes débiles y poco capaces como Hisham II
c/ La relajación en las costumbres con la subsiguiente pérdida del sentido de guerra santa que les trajo a la península y el desprestigio de la legimitimidad del poder de los gobernantes, sustentado en ser la máxima autoridad religiosa.
d/ El control del poder gracias a la gran militarización en la etapa de al-Mansur, cuyo ejercito se nutrió de beréberes y eslavos, que luego desempeñarían un papel importante en la confusión inicial de los reinos taifas.
e/ En la primera época de los gobernadores musulmanes, se trasladó el centro de poder de Sevilla a Córdoba buscando una posición más central del territorio, pero manteniéndose cerca de su puerta de entrada natural, el estrecho de Gibraltar. Al-Andalus era una provincia del Imperio Islámico y es posible que una cierta provisionalidad acompañara las decisiones de los primeros gobernadores. Con el Emirato, y sobre todo con el Califato, Al-Andalus toma una entidad política propia pero no da la impresión de tomar una conciencia plenamente peninsular. Indudablemente trasladar la capital a Toledo, antigua capital visigoda y centro natural de la península ibérica, significaba un riesgo evidente por la mayor proximidad con los territorios fronterizos y el consiguiente alejamiento de los puntos de apoyo marítimos, pero mantener la capital en Córdoba, junto con otros factores como los anteriormente enumerados, a la larga significó estar lejos de las diferentes provincias o koras, y dificultó el control y potenció el deseo de los gobernadores de las mismas de hacerse a su vez independientes.
Los reinos taifas se configuraron en base a un carácter de facción étnica y a una determinada situación geográfica.  En el transcurso del siglo XI el mapa de las taifas musulmanas fue tremendamente variable, pero con un común denominador de progresivo agrupamiento de las mismas, que pasaron de ser un gran número al principio a solo unas cuentas al final. Un ejemplo es la taifa de Sevilla que absorbió las de Huelva en 1052, Niebla en 1054, Algeciras en 1060, Silves en 1063, Arcos, Morón y Ronda en 1066, Carmona en 1067 y Córdoba en 1069.
Así pues, los reinos taifas hubieron de intentar mantenerse en una dificil y delicada situación frente a los cristianos por un lado y las taifas vecinas por otro. Ello significó el establecimiento de unos pagos, parias, por las que se garantizaba una tregua en las hostilidades y el apoyo de los cristianos contra los otros musulmanes. Para los primeros, que hubieron de pagar parias en la época Califal, fue el inicio de una fuente de ingresos continua. También significó que cristianos lucharan junto a musulmanes contra otros cristianos o viceversa en función de los distintos pactos y las estrategias diplomáticas del momento.

El Reino Taifa de Valencia
Al Este de Al-Andalus, se configuró la taifa de Denia que, regida por Mugehid Edim ibn ‘Abd Allah, 1011-1045, se extendió hasta las Baleares e incluso invadió Cerdeña y se mantuvo allí durante un año.
En el interior las Taifas de Alpuente y Albarracín perduraron durante el siglo, quizás debido a que no eran especialmente prósperas y estar situadas en terrenos agrestes . En la primera gobernó la familia de los Banu Qasim y en la segunda los Banu Razin.
Por lo que respecta a Valencia, su comercio y sus verdes tierras se unían a una vulnerabilidad geográfica por la brecha del sur de Cuenca y el norte de Albacete que, en opinión de Bernard Reilly, hacían de ella una presa atractiva pero difícil de conservar. Tras una primera y confusa etapa en la que gobernaron los eslavos Modhaffar y Mobarak, y parece ser que también un tal Labib, la taifa se estabilizó con el gobierno de ‘Abd al-‘Aziz ibn ‘Abd al-Rahman, nieto de al-Mansur, hacia 1021. Su largo reinado duró hasta el 1060, año en que le sucedió su hijo ‘Abd al-Malek ibn ‘Abd al- ‘Aziz. En el 1065 el rey de la taifa de Toledo Yahya Dhu-l-Nun al-Ma‘mun, que también era suegro de ‘Abd al-Malek, invadió Valencia y le despojó de sus dominios poniéndolos bajo la égida de la taifa toledana.
Diez años después moría al-Ma‘mun en Córdoba, probablemente envenenado. En Valencia, el wali Abu Becr ibn ‘Abd al-‘Aziz aprovechó la circunstancia para independizarse de nuevo. Esta situación se mantuvo hasta el 1086.

La época de Rodrigo Díaz
Mientras el estado andalusí se desintegraba víctima de sus propias contradicciones, en el otro lado de la frontera reinaba en Navarra Sancho el Mayor. Su gobierno se prolongó entre los años 1004 y 1035 y por medio de actividades militares, diplomáticas e incluso con su boda, consiguió ensanchar sus territorios hasta tener bajo su dominio prácticamente la totalidad del territorio cristiano peninsular. A su muerte, León había vuelto a ser un reino independiente y Sancho repartió el resto entre sus hijos: a García le dejó Navarra, a Fernando, Castilla y a Ramiro, Aragón. Dos años después, Fernando derrotó a Bermudo III, rey de León, en la batalla de Tamarón y los reinos de León y Galicia se unificaron con Castilla de nuevo bajo su dominio. Es en este momento cuando nace Rodrigo Díaz.
Las fuentes mas antiguas que se conocen sobre su vida son la Gesta Roderici Campidocti, la Carmen Campi Doctoris o Crónica Rimada, el Poema del Mío Cid, La Crónica General, así como las fuentes árabes.
Rodrigo Díaz nació en Vivar, localidad cercana a Burgos. Aunque desconocemos la fecha exacta de su nacimiento, podemos suponer que seria en el primer tercio de la década de los cuarenta del siglo XI. Su abuelo paterno, Laín Núñez, era un personaje importante en la corte de Fernando I y su padre, Diego Laínez, militar al servicio del mismo rey. De la familia de su madre, Rodrigo y Nuño Alvarez, también desempeñaron importantes puestos en el entorno real.
A los catorce años fue puesto al servicio del hijo mayor del rey, Sancho.
Su primera intervención en campaña militar conocida fue el ataque contra la localidad pirenaica de Graus, realizado por el infante Sancho.
De esta época hay constancia de un combate entre Rodrigo y el navarro Jimeno Garcés y otro con un musulmán al que venció y dio muerte.
La historiografía tradicional ha creído que Fernando I murió en 1065 tras dirigir una campaña contra la ciudad de Valencia. El profesor Ubieto demostró que la ciudad identificada como Valencia en la Crónica Silense era la Valeria romana en la actual provincia de Cuenca. Dos años antes, el rey había decidido que el reino volviera a dividirse entre sus hijos, Castilla para Sancho, León para Alfonso y Galicia para García, así como también dividió entre ellos las rentas que procedían de las parias que pagaban los reinos taifas de Zaragoza, Toledo, Badajoz y Sevilla.
Sancho I, ya rey de Castilla, nombró a Rodrigo Díaz alférez de la corte Real y éste luchó junto a su rey en las guerras que Sancho II entabló con sus hermanos para reunir de nuevo bajo su mando los reinos de Galicia y León. Lo consiguió a principios del 1072, pero en octubre del mismo año el rey moría asesinado víctima de una traición durante el sitio de Zamora. Finalmente,  Alfonso, que estaba desterrado en la taifa de Toledo, fue coronado rey. De las relaciones que Rodrigo Díaz y Alfonso VI mantuvieron en ese momento hay diferentes versiones. La Historia Roderici dice que Alfonso VI le recibió con honor como vasallo y le incluyó en su séquito con respetuoso afecto. El romancero tradicional cuenta que Rodrigo hizo jurar al nuevo rey, en la Iglesia de Santa Gadea de Burgos, que no había tomado parte en la muerte de su hermano. También sobre la boda de Rodrigo el romancero nos cuenta que lo hizo con Jimena Gómez, hija del conde Gómez Gormaz, al que Rodrigo había matado en desafío por haber aquel ofendido a su padre. El descubrimiento de la carta de arras de la boda en el 1074 de Rodrigo Díaz con la asturiana Gimena Díaz, prima hermana del rey, desmintió la tradición, tan de leyenda como posiblemente la Jura de Santa Gadea.
Hasta el 1081 Rodrigo mantuvo una posición privilegiada en la corte de Alfonso VI, pero ese año fue desterrado de Castilla. Las razones de este destierro no están del todo claras, pero parecen estar sustentadas en rencillas que tenía con el conde García Ordóñez. Tras una breve estancia en Barcelona, se dirigió a Zaragoza y se puso a las órdenes del rey al-Muqtadir.
A la muerte de éste en 1082, y tras la división de la taifa entre sus hijos Yusuf al- Mutamin a quien dejo Zaragoza y Mundir al-Hayib que se quedó con Lérida, Tortosa y Denia, Rodrigo Díaz siguió al servicio del primero y participó en la batalla de Almenar en Huesca. En ella cayeron derrotados Mundir y el Conde de Barcelona, siendo este último hecho prisionero junto con sus caballeros y dejado en libertad, presumiblemente previo pago de los rescates, y con la condición de apartarse de la alianza. En esta época Rodrigo fue un continuo obstáculo para los intereses de expansión de los condes de Barcelona.
En el 1084, asoló la comarca de Morella y se fortificó en el castillo de Alcalá de Chivert.  Sancho Ramírez de Aragón y Mundir al-Hayib se aliaron contra él, pero fueron derrotados por Rodrigo quién capturó un inmenso y rico botín.
En el otoño de 1085 murió al-Mutamin y le sucedió su hijo Ahmad al-Mustain, que había casado con una princesa valenciana, en un esfuerzo de Abu Becr, rey de la taifa de Valencia, por consolidar su posición.

El Cid Campeador
En esa época Rodrigo debía gozar ya de una importante fama en Zaragoza y, aunque es imposible conocerlo con certeza, el sobrenombre Campeador, así como mío Cid, sayyid, señor, debía correr en boca de la gente.
La conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI significó un engrandecimiento importante del territorio castellano-leonés y el control del centro de la Península. En el futuro Castilla intervendría desde esa posición en las políticas de todos los demás reinos. Además, aunque los almorávides consiguieron reconstruir el antiguo eje de comunicaciones musulmán al apoderarse de los valles del Jarama y Henares, para Al-Andalus fue el principio del fin.
Tras una serie de intrigas, Yahya ibn Dhu-l-Nun al-Qadir, ex rey de Toledo, se convirtió en rey de Valencia. Bajo la protección de Alfonso VI y ayudado por las tropas cristianas comandadas por Alvar Fáñez entró en la ciudad que se rindió sin dudarlo. Játiva, al sur, pidió ayuda a al-Mundir y este sitió Valencia ese mismo año, sin conseguir rendirla.
En septiembre de ese año Alfonso VI sitió Zaragoza, pero el Cid, fiel a su compromiso, lucho al lado de al-Mustain. Alfonso tuvo que dejar el asedio al enterarse de la invasión almorávide por Algeciras, siendo derrotado en la batalla de Zalaca en octubre.
Poco después el Cid y Alfonso VI se reconciliaron. O también pudo ser que Alfonso, necesitado de ayuda en un momento crítico para él, negociara con Rodrigo para que este luchara a su favor. El resultado fue una extraordinaria concesión en castillos y territorio en Castilla,  y también “…el privilegio de que todas las tierras que arrabatara a los sarracenos  en el territorio de estos pasarían a ser de su propiedad, y no solo suyas sino también de sus hijos e hijas y de todos sus descendientes.
Hasta entonces el Cid, desterrado de Castilla, había actuado como un mercenario a las ordenes del mejor postor, el rey musulmán de Zaragoza. A partir de ahora lo hará en su propio beneficio.
Durante los dos siguientes años, la Crónica General relata las acciones del Cid junto a al-Mustain de Zaragoza en Valencia, y pone especial énfasis en la actitud en defensa de los intereses de Alfonso VI de Rodrigo, que no quiso ceder ante el zaragozano en su pretensión de arrebatar la ciudad a al-Qadir. También hace mención de las cartas que el Cid, tras el fracaso en el asedio a Jérica, escribió a los reyes taifas vecinos de Valencia prometiéndoles su apoyo a cada uno por su lado, y a Alfonso VI garantizándole la conservación en su nombre del reino. En caso de ser cierto, estos hechos se han utilizado,en general, para alabar las virtudes de Rodrigo Díaz como buen vasallo y servidor de su rey. Otra visión es pensar que el Cid jugaba en beneficio propio porque le era mucho más interesante una Valencia débil en manos de un inepto como al-Qadir.
En 1089 el conde de Barcelona Berenguer Ramón, de nuevo aliado con al-Mundir, puso cerco a Valencia. Pero cuando supo que el Cid y su hueste se encontraba en Torres Torres se retiró de nuevo a Barcelona sin presentar batalla. Rodrigo estableció su cuartel general en Requena y durante esa etapa se dedicó a asolar el territorio levantino para poder mantener a un cada vez mas numeroso ejército
Viendo la desorganización de los reinos taifas, el rey almorávide Yusuf ibn Tasufin volvió dispuesto a reducirlos a la sumisión y reconquistar el territorio perdido. Alfonso VI formó un ejercito para intentar levantar el cerco del castillo de Aledo y avisó a Rodrigo para que se uniera a él en Villena. El encuentro no llegó a tener lugar, el Cid esperaba en Onteniente y Alfonso VI cruzó por Hellín. El rey creyo que el Cid había utilizado una estratagema para no participar en la lucha y, pese a los argumentos en su defensa que Rodrigo le dio, confiscó sus propiedades en Castilla y encarceló a su mujer y a sus hijas.
El Cid pasó el invierno en Elche y decidió sobrevivir sobre el terreno cobrando las parias pero en beneficio propio.
Primero se apoderó de la cueva de al-Mundir en Polop llena de tesoros y riquezas. Siguió hacia Ondara y consiguió que este último le pagase un tributo para garantizarse la paz. El siguiente cliente era al-Qadir de Valencia. Y por el camino Játiva. Una vez terminada esta correría se estableció, según unos autores en Miravet y otros en Burriana.
De nuevo Ramòn Berenguer intentó derrotarle, pero sufrió un gran desastre en la batalla de Tébar del Pinar en la que cayeron él mismo y muchos de sus caballeros en manos del Cid. Tras pagar un rescate sustancioso pudieron volver a Barcelona.
En el 1092 Alfonso VI, ayudado por Sancho Ramírez de Aragón y el conde de Barcelona, atacó Valencia y Tortosa, quizá intentando frenar las ambiciones del Cid. Pero no consiguió su propósito y el resultado fue una revuelta en Valencia que le costo la vida a su títere al-Qadir, tomando el poder Abu Ahmad ibn Chahhaf.
Para entonces los almorávides ya habían ocupado Játiva y Alcira. Por el Oeste de Al-Andalus también redujeron la taifa de Badajoz y reconquistaron Lisboa, devolviendo la frontera a su posición original. A partir de ese momento, Valencia adquirió una importancia estratégica notable al ser el tapón que contuvo el avance almorávide durante los siguientes ocho años, ya que era el paso obligado para llegar hasta Zaragoza.
Conocedor de estos hechos el Cid, que se encontraba en Zaragoza, avanzó rápidamente y se instaló en el Puig. En Julio de 1093 comenzó el cerco a Valencia con una estrategia de corte suministros mediante el saqueo de la región. Ibn Chahhaf reclamó la ayuda almorávide, pero ésta no llegó a tiempo. Hacia finales de mayo del 1094 ibn Chahhaf entró en negociaciones con el Cid para establecer los términos de la rendición. El 15 de junio de ese año Rodrigo Díaz y su hueste entraban en la ciudad de Valencia.
La situación del Cid en Valencia no era cómoda, aunque en octubre derrotó a los almorávides en la batalla del Plá de Quart de Poblet. En este marco se inscribe el conocido hecho de la quema en la plaza pública de ibn Chahhaf. Eran tiempos difíciles y cualquier juicio sobre los escrúpulos de los personajes históricos debe hacerse dentro del contexto general y la situación que les tocó vivir.
En Julio de 1099 murió Rodrigo Díaz de Vivar y el gobierno de Valencia quedó en manos de su mujer Doña Jimena. Un año después Alfonso VI visitó la ciudad y decidió que no podía defenderse. A finales de marzo de 1102 Doña Jimena, acompañada por su hueste y el cadáver del Cid, abandonó la ciudad prendiéndole fuego y, poco después, se hacia cargo de ella el emir almorávide Mazdali desde Denia.
Saber si el Cid actuó siempre por cuenta propia o en algunos momentos estuvo dirigido por el rey castellano-leonés Alfonso VI, su señor natural, es difícil de adivinar. Lo que sí es seguro es que en un momento complicado para el monarca, después de la derrota en la batalla de Zalaca, con el avance de las tropas almorávides y con una ciudad de Toledo expuesta constantemente al asedio de los musulmanes, las acciones del Cid en las tierras valencianas fueron un factor imprevisible, pero decisivo, durante unos años en la situación política peninsular.

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Acerca de enriquepallas

Me he dedicado siempre a la comunicación y con este blog quiero dar salida a todos aquellos materiales que cuando realizas un trabajo de documentación quedan fuera por diversas razones.
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