La mujer en Al-Andalus

En la primavera de 1998 el diario LAS PROVINCIAS publicó una serie de fascículos titulados LA VALENCIA MUSULMANA Y LA VALENCIA CRISTIANA,  que entregaba junto con las piezas del AJEDREZ HISTORICO DEL REINO DE VALENCIA y en los que se  pretendía divulgar de forma amena un período de historia medieval.
Constaba de treinta y dos fascículos  con ilustraciones  a todo color referenciados por las distintas piezas del ajedrez y divididos en dos grupos de diez  y seis cada uno,  conformando dos volúmenes en los que diferentes autores  escriben sobre temas específicos tanto de la época del dominio musulmán como de la posterior reconquista por el Rey Don Jaime hasta el fin de la Edad Media.
Los fascículos del primer volumen, LA VALENCIA MUSULMANA, recogían temas como: los reyes árabes de Valencia, la mujer en Al Andalus, la religión musulmana, el ejército musulmán, la vida cotidiana, puertas y murallas, el mundo islámico, el vestido mozárabe, Valencia bajo el califato de Córdoba, demografía en la Valencia musulmana, diferentes grupos étnicos, el Tribunal de las Aguas, la cultura en el Islam y otros.
En cuanto a los fascículos de segundo volumen LA VALENCIA CRISTIANA, abordaban temas como:  la monarquía del Reino de Valencia, las Reinas, órdenes monásticas,  iconografía mariana, la nobleza, instituciones políticas y administrativas, el arte,  arquitectura civil y religiosa, la literatura, el vestido,  gremios y cofradías, etc.

El siguiente artículo fue el número 3 de la colección musulmana, correspondía a la reina, se publicó el 30 de Marzo de 1998 y lo firmaba Alberto Herranz.

La mujer en Al-Andalus

Se mantiene en la actualidad la divergencia de criterios entre los historiadores entre la pervivencia o no de lo hispánico después de la invasión musulmana de la Península a principios del siglo VIII. La discusión entre orientalización, en el caso de que el elemento indígena adoptara la cultura y lengua islámica, u occidentalización, en el supuesto que fueran los musulmanes los que se vieron influidos por los hispano romanos y, por tanto, la sociedad de Al-Andalus mantuvo un carácter propio, diferenciado del resto del Islam, requeriría un estudio complejo y que no es el propio del presente trabajo. Sólo cabe recordar que según Pierre Guichard: “(…) Contentarse con decir que se trata de un falso problema no es suficiente, pues la historia es en primer lugar lo que hacen los historiadores, o sea una interpretación de unos hechos que ya no existen ni tienen realidad.” Uno de los aspectos del debate es el papel de la mujer en la sociedad musulmana de al-Andalus.

La mujer en el Corán
Según Anwar Chejne: “la mujer en Al-Andalus estaba sujeta a las restricciones impuestas por la religión y la costumbre islámica, lo que significaban desigualdad respecto al hombre y poca libertad de movimientos y relaciones sociales.”
La religión y la costumbre islámica están recogidas en el Corán que es el libro sagrado de los musulmanes y en el hay diversos capítulos, suras, que dictan cual debía ser la situación de la mujer dentro de la sociedad musulmana:
Sura 4-34 Los hombres tiene autoridad sobre las mujeres en virtud a la preferencia que Dios a dado a unos sobre otros (los hombres están un grado por encima de las mujeres) y de los bienes que gastan (en sus mujeres). Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Dios manda que cuiden (se mantienen castas).
Por tanto, y aunque no podemos generalizar, además de las diferencias personales, diversas situaciones jurídicas, económicas y de clase dan lugar a posiciones sociales muy diversas, el papel de la mujer era secundario en la sociedad musulmana de al-Andalus y en el matrimonio era el objeto de una transacción comercial entre el padre y el futuro esposo.
Sura 5-5 Se os permite de ahora en adelante tomar en matrimonio a las mujeres creyentes, honestas y las honestas del pueblo de la Escritura (judías y cristianas) dándoles la dote.
Es decir, los musulmanes podían casarse con mujeres creyentes y también con no creyentes. Por el contrario la mujer musulmana sólo podía casarse con musulmanes.
Sura 4-22 No os caséis con las mujeres con las que han estado casados vuestros padres.
Sura 4-23  Os está prohibido casaros con vuestras madres, vuestras hijas, vuestras hermanas (en general con la línea ascendente y descendente directa, ni colateral tanto por parte del padre como de la madre). así como casaros con dos hermanas a un tiempo.
Sura 4-24 Os está prohibido casaros con las mujeres casadas a menos que sean esclavas vuestras.
Estas suras regulaban el grado de endogamia de la sociedad árabe, aunque permitía  lo que, según Guichard, constituía el matrimonio ideal consanguíneo, el que se efectuaba con la prima hermana por línea paterna, la bint al-`amm.
Sura 2-236 No hacéis mal en repudiar a vuestras mujeres mientras aún no las hayáis tocado (consumado el matrimonio), o asignado dote.
Sura 2-237 Y si las repudiáis antes de tocarlas y luego de haberles asignado dote, pagadles la mitad de lo asignado.
Las anteriores suras, regulan el repudio en el caso de no haberse consumado el matrimonio, y  las siguientes en el caso de un matrimonio ya establecido. Estas disoluciones del matrimonio se realizaban en un acto público. La repudiada sólo podía volver a casarse después de haber tenido tres menstruaciones, lo que garantizaba que no esparaba hijos del marido del que se separaba:
Sura 2-226 Quienes juren no acercarse a sus mujeres tienen de plazo cuatro meses. En ese plazo pueden retractarse…
Sura 2-227 …o repudiarlas
Sura 2-228 Las repudiadas deberán esperar tres menstruaciones. No les es lícito ocultar lo que Dios ha creado en su seno. Durante esta espera los esposos tienen derecho a tomarlas de nuevo si deasean la reconciliación. Ellas tienen derechos equivalentes a sus obligaciones, conforme al uso, pero los hombres están un grado por encima de ellas.
Sura 65-4 Para aquellas de vuestras mujeres que ya no esperan tener la menstruación, si tenéis dudas su período de espera será de tres meses, lo mismo para las impúberes. Para las embarazadas su período de espera terminará cuando den a luz.
Sura 65-6 Alojadlas según vuestros medios en vuestra misma vivienda. No les hagáis daño con el ánimo de molestarlas. Si están embarazadas, proveedles de lo necesario hasta que den a luz. Si la criatura que cuidan es vuestra retribuidlas como es debido y llegad a un acuerdo decoroso. Si encontráis una dificultad, entonces tomad un ama a cuenta vuestra.
Sura 65-1 Cuando repudiéis a las mujeres hacedlo al terminar su período de espera. No las expulséis de sus casas ni que ellas salgan, a menos que sean culpables de deshonestidad manifiesta.
Sura 2-229  El repudio se permite dos veces. Entonces o se retiene a la mujer tratándola como se debe o se la deja marchar de buena manera. No es lícito recuperar nada de los que les disteis a menos que las dos partes teman no observar las leyes de Dios. Y si teméis que no observen la ley de Dios, no hay inconveniente en que ella obtenga su libertad indemnizando al marido.
Sura 2-230 Si la repudia (definitivamente) ésta ya no le será permitida sino después de haber estado casada con otro. Si este último la repudia, no hay inconveniente en que aquellos vuelvan a reunirse.
Esta última sura pretendía preservar el carácter de la institución matrimonial y evitar que se tomara desde puntos de vista banales.
Para prevenir la atención necesaria a los niños en caso de repudio:
Sura 2-233 Las madres (repudiadas) amamantarán a sus hijos durante dos años completos, si desea que la lactancia sea completa. El padre debe sustentarlas y vestirlas conforme al uso.
En general y en referencia al trato a dispensar a las mujeres:
Sura 2-234 Las viudas deben esperar cuatro meses y diez días (antes de volver a casarse), pasado ese tiempo no seréis ya responsables de lo que ellas dispongan de sí mismas.
Sura 4-127 Si una mujer teme malos tratos o aversión por parte de su marido, no hay inconveniente en que se reconcilien, pues es mejor la reconciliación.
Sura 24-4 A quienes difamen (acusando de adulterio) a las mujeres honestas sin poder presentar cuatro testigos, flageladles con  ochenta azotes y nunca más aceptéis su testimonio.
Sura 24-6  Quienes difamen a sus propias esposas sin poder presentar a más testigos que a sí mismos, deberán testificar jurando por Dios cuatro veces que dicen la verdad.
Sura 24-8 Pero se verá libre del castigo la mujer que atestigüe jurando por Dios cuatro veces que él miente.
Sura 4-19 No es lícito recibir en herencia a mujeres contra su voluntad ni impedirles que vuelvan a casarse para quitarles parte de lo que les habéis dado, a menos que sean culpables de dehonestidad manifiesta.
En cuanto a los aspectos propiamente relacionados con la relación matrimonial:
Sura 4-129 No podréis ser justos con vuestra mujeres aún si lo deseáis (por el hecho de reconocer como imposible satisfacer a las cuatro por igual). No seáis pues tan parciales que dejéis a una de ellas como en suspenso (sin marido).
El Corán permite disponer un máximo de cuatro esposas y un número ilimitado de concubinas. Esta permisividad se concede a cambio de que se trate equitativamente a las cuatro mujeres oficiales. En el caso de diferente trato, la mujer ofendida podía denunciar al marido ante el juez. Con ello podía ganar su libertad mediante una indemnización. Esta poligamia se dio sobre todo en las clases elevadas. Sólo los musulmanes dotados de fuertes recursos financieros pudieron soportar el elevado costo que significaba mantener en una casa un elevado número de mujeres e hijos. Las clases bajas mantuvieron una monogamia de hecho, aunque en casos excepcionales podían disponer de una esclava, que podía ser blanca o de color, más baratas estas últimas de conseguir.
Sura 2-222 La menstruación es un mal. Manteneos aparte de las mujeres durante ella y no os acerquéis hasta que se hayan purificado.
Sura 2-223 Vuestras mujeres son campo labrado (la tierra en la que se plantan los hijos) para vosotros.

La boda
Antes de la relación entre futuros esposos, era la madre de alguno de los novios la que iniciaba el proceso. Posteriormente, y tras la petición de la novia, jitba, se discutían los trámites legales y las condiciones del contrato de matrimonio, ‘aqd al-nikah,  por el que el novio se comprometía a pagar una dote, mahr, a su futura esposa. Ésta, a su vez, debía aportar el ajuar, ropa de casa y vestidos o joyas y tapices en el caso de tratarse de los nobles. El contrato se firmaba ante dos testigos y la fecha de la boda se fijaba tras consultar a un astrólogo el cual debía determinar el día propicio para el enlace.
Los festejos duraban una semana entera. Empezaban en casa de la novia y, tras recibir la felicitación de los familiares, se iniciaba el ceremonial del baño y atavío de la novia, al que sigue la conducción a casa del novio, en procesión con música y rodeada de todo su ajuar. La novia debía mantener una actitud recatada, llevando los ojos cerrados por pudor, y la costumbre exigía además que usase el pie derecho para entrar en su nuevo hogar. La desposada, flanqueada por dos maestras, recibe los regalos de las invitadas sin abrir los ojos ni hablar. Finalizada la presentación de la novia tenía lugar el banquete nupcial.
Finalmente y tras consumarse la unión,  la esposa recibía de nuevo la visita de las mujeres que la felicitaban por la pérdida de su virginidad y pedían para que se les concedieran hijos.

Costumbres
El decoro exigía que las mujeres no saliesen solas, no siguiesen a un cortejo fúnebre o visitasen los cementerios, debían estar separadas en lo posible de los hombres en las bodas y otras reuniones a no ser que fueran acompañadas, no podían lavarse en los arroyos o sentarse en la orilla de un río pues podían provocarlos y  debían ser encarceladas por separado siendo el guardián viejo y casado.
El ideal clásico de belleza femenina era la mujer morena de larga cabellera negra. Aunque la ortodoxia musulmana, en algunos casos, tendió a considerar como una transgresión a la pureza natural, fitra, los arreglos y cuidados femeninos, la mujer en al-Andalus dedicaba muchas horas a asearse y componerse. Se alisaba el pelo con cepillos y peines, se adornaba con hilos de seda trenzados y, en caso necesario, utilizaba tintes. Las uñas, se teñían con alheña y debían cortarse y limarse.
La depilación solía llevarse a cabo en los baños, donde las maquilladoras, masita, se encargaban de tal operación, además de rociarse el cabello con aceites perfumados y cuidar la piel con ungüentos especiales. Después del baño, gustaban de perfumes de tipo oriental como el ámbar gris y el ámbar natural desmenuzados. Disponía de cajas y estuches finamente decorados en los que guardaba sus aceites, el sulfuro de antimonio para cejas y pestañas, la pasta depilatoria y recipientes de cristal para los aceites y las esencias de flores.
El maquillaje era complicado. Además de ponerse bajo los ojos y en los párpados el antimonio, a veces se teñían la otra parte visible de su velado cuerpo, los dedos de las manos, de color negro. La mujer de al-Andalus gustaba de utilizar perfumes, el ámbar, el jazmín y el azmicle eran sus favoritos. Según Ibn-Hazm, ya en el siglo X, las mujeres musulmanas masticaban goma para perfumarse el aliento y, para reavivar el color de labios y encías, los frotaban  con cortezas de raíz de nogal.
Las mujeres musulmanas tenían muy buen gusto para el adorno personal:. Era habitual el uso de collares, brazaletes, anillos para los tobillos y pendientes de oro entre las mujeres de la nobleza o de plata entre las clases modestas. Poseer ricas alhajas era privilegio de las mujeres nobles y expertos joyeros judíos, se encargaban de hacer y pulir los pesados aderezos en oro y plata de sus clientas aristócratas. Las menos ricas podían alquilar alhajas a mujeres prestamistas. El alquiler era por siete días, según una fórmula de contrato, y este debía contener la descripción completa de cada objeto prestado.
Parece ser que en época de taifas las concubinas reales preferían la cornalina, la crisolita, el topacio y las esmeraldas para adornarse. Era muy apreciada una clase pequeña de perla que llamaban aljófar. Todas las joyas se guardaban en arquetas de marfil o en pequeños cofres de marquetería.

La educación y la enseñanza
Según Gloria López de la Plaza la diferenciación entre las mujeres musulmanas podría establecerse en los siguientes grupos socio-económicos:
-Clase social superior, damas de la corte, esclavas de alto nivel, princesas de sangre real, esposas de altos funcionarios del gobierno.
-Mujeres de las clases medias urbanas, hijas, esposas o esclavas de funcionarios o cargos públicos religiosos fundamentalmente.
-Mujeres de las clases populares, no privilegiada o marginales, provenientes en su mayoría del ámbito de los oficios urbanos o de un desclasamiento debido a causas familiares o coyunturales como la viudedad o la orfandad.
Según Chejne el papel de la mujer en Al-Andalus variaba de acuerdo con su situación en la pirámide social. Las mujeres de la clase baje, ammah, no estaban inhibidas por la rigidez social, desempeñaban diversos trabajos domésticos y ayudaban en el sustento de sus familias mientras que entre las clases acomodadas y la aristocracia, el papel de la mujer se complicaba por razones económicas y sociales, y por el gusto e inclinaciones de su marido. Lo que nunca hacía era menoscabar la potestad de su marido de tener varias mujeres y concubinas y se resignaba a una existencia de rivalidad en el harén, con la esperanza de convertirse en la favorita.
En cuanto al estudio y el acceso de las mujeres a la educación y a la enseñanza, en Sharq al-Andalus se desarrollaron escuelas coránicas que tuvieron una gran importancia y hubo mujeres en sus centros más importantes: Denia, Valencia, Játiva y Murcia
Umm al-Izz que conocía las siete lecturas coránicas era de Denia. Una descendiente de Ibn-Hudaid estudió en Valencia las kira’ad de nafi con Umm Mu’affar, una de las mujeres del harén de Muhammad Ibn-Sad Ibn-Mardanis, el rey Lobo. También en Játiva nació y estudió Zainab Bint Abil-Hassan, lectora de la que se dice que ayunaba continuamente y pasaba las noches en vela, y que murió hacia el 1184.
Por su parte, algunas mujeres se encargaron de transmitir la tradición y otras, kaibat, copiaban magnificamente el Corán, para lo que se exigía una buena caligrafía y leer correctamente los manuscritos. Por lo general eran de una alta categoría social.
Por los repertorios biográficos musulmanes, sabemos también de mujeres que escribieron de temas religiosos como Umm Hannah, o de mujeres predicadoras como Rashida Al-Wa’iza.
Es díficil determinar si el grado de libertad, entre comillas, de la mujer en al-Andalus fue superior al de sus correligionarias del resto del Islam, y que, de ser así, se produjo por una influencia de los índigenas hispano-romanos visigodos. En cualquier caso, pensemos si alguno de los aspectos de la cultura y la sociedad musulmana aquí expuestos sigue, de algún modo, vigente en estas tierras en nuestros días.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

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Chejne, A. G.: Historia de España musulmana.  Madrid, 1993
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López de la Plaza, Gloria: Al-Andalus: mujeres, sociedad y religión.Málaga,1992
Ménendez Pidal, R.: España, eslabón entre la Cristiandad y el Islam. Madrid, 1968.
Sánchez Albórnoz. C.: España, un enigma histórico. 2 vols. Madrid, 1961.

Acerca de enriquepallas

Me he dedicado siempre a la comunicación y con este blog quiero dar salida a todos aquellos materiales que cuando realizas un trabajo de documentación quedan fuera por diversas razones.
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