Interior: Joan Baptista Humet – Doce cuentos de música – UD Canals

INTERIOR fue un proyecto de revista que trataba de recoger las inquietudes culturales y sociales de las comarcas de La Costera y La Canal de Navarrés. A través de sus 48 páginas se daba protagonismo a las artes, la gastronomía, la gente y se visitaban los rincones más espectaculares de una de las zonas menos conocidas de la provincia de Valencia. En cada número se intentaba, además, dar cabida al mayor número de pueblos que comprenden las dos comarcas, para que los habitantes de las mismas se sintieran identificados con la publicación y fueran partícipes de la idea. El objetivo final era conocer mejor los personajes y hechos relevantes ligados a ambas comarcas y también dar voz y profundizar en los diferentes aspectos que rodean la vida en el INTERIOR.  En el proyecto puesto en marcha en la primavera de 2007, colaboraban Christian Galdón, Enrique Pallás Rodriguez, Felip Bens, Jose Vicente Miralles, Quelo Romero, Victoria Contreras y Gustavo Muñoz . Tras la elaboración de un número cero, la falta de financiación impidió su continuidad.

Dentro de ese número cero, se incluían los tres artículos siguientes:

JUAN BAPTISTA HUMET

 

“LA MÚSICA ES UN VÍNCULO POTENTE PERO MUY DOLOROSO”                       El cantautor valenciano reflexiona sobre su carrera, lo vivido y el porvenir.

Enrique Pallás Rodríguez

Joan Baptista Humet (Navarrés, 1950) marcó a toda una generación con melodías inolvidables. Un cambio de intereses en su compañía, Ariola, le retiró antes de lo previsto del panorama musical. Para sorpresa de muchos, después de 18 años de silencio, volvió a grabar un disco con su propio sello discográfico. Ligado a Barcelona toda su vida, Humet nunca ha ocultado su amor por Navarrés y su entorno, que visita de forma frecuente.

-¿A qué se dedica Joan Baptista Humet en la actualidad?

Trabajo como consultor y formador de empresas en temas relacionados con la calidad.

-Desde “Sólo bajé a comprar tabaco”… ¿no le ha vuelto a picar el gusanillo de la  música? ¿Trabaja en algún proyecto?

Ahora ya no es cuestión de gusanillo, sino de prioridades. Cuando volví a grabar, dejé medio abandonada mi empresa. Ahora le debo toda mi atención. Imagino que más adelante dispondré de tiempo para volver a componer… y me gustaría hacerlo.

-Pero ¿en qué momento de la vida de Joan Baptista Humet “decide lanzarse a la aventura y airear de nuevo su desnudez”, como canta en “El Regreso”?

Más que un momento fue un cúmulo de situaciones que iban tirando de mí, que me pedían que volviera a componer. Pero es cierto que la decisión la tomé en un momento preciso, en París, allá por el 2000.

-¿Cómo se puede ser músico y mantener la inquietud guardada durante 18 años?

Se puede, si sabes vivir el presente con la misma intensidad, hagas lo que hagas. Más que músico, lo que vibra en mí es un espíritu creativo, y la creatividad se puede proyectar en cualquier ocupación.

-Su primera etapa musical… ¿fueron los mejores años de su vida?

Seguramente sí… al menos de mi vida musical. No por nada en especial, sino porque el descubrimiento siempre deja los mejores recuerdos. Los primeros años de cualquier cosa aportan ese añadido de satisfacción que supone el descubrirlo todo, ese ir “de ida” por las cosas.

-¿Cuál fue su experiencia más decisiva, la que le empujó al mundo de la música?

Sin duda mi colaboración con Lluis Llach a finales de los 60.

¿No fue su primera aparición en público, en octubre de 1968, junto a Serrat?

Cantar junto a Serrat fue mi primera experiencia ante un público y eso lo recuerdo con mucho cariño. Pero lo que me ayudó definitivamente a decantarme por la canción fue el trabajo junto a Lluis Llach.

-¿Era una época de sacrificios?

La música me ha supuesto mucho esfuerzo pero nunca sacrificios. Al menos en aquella etapa.

-¿Se sintió identificado con el movimiento ideológico paralelo a la cançó catalana?

Sí, en todo lo que comportaba de grito por la libertad, de lucha contra el establishment, aunque mi condición de navarresino-catalán me ahuyentó siempre de una postura radical en cuanto al idioma.

-¿Era difícil ser músico a principios de los 70?

Imagino que como ahora. Las actividades artísticas o artesanas siempre son difíciles, requieren de un talante especial. Suponen elegir caminos llenos de incertidumbre, pero también de satisfacción personal. Se vive con algunas revoluciones de más.

-Con “Fins que el silenci ve”, ¿alcanzó la cima musical como compositor?

No lo sé, es posible. Nunca he vuelto a intentar algo tan complejo como una obra de treinta y cinco minutos que da vueltas sobre sí misma, hilvanada como una pequeña sinfonía. Cuando la escucho, algo poco habitual, me doy cuenta del mérito que tuvo hacer algo así.

-¿Cómo compone “Clara”? ¿Hay algún secreto detrás?

No hay secreto ninguno. Fue un caso real, una muchacha de Madrid a la que me unían vínculos muy fuertes de amistad, pero que tuvo mejor fortuna que la Clara de la canción. En realidad, yo creí que había muerto, aunque no fue así.

-¿Cómo cambió su música con la década de los 80?

Creo que se modernizó un poco, sobre todo en cuanto a sonoridad. Pude grabar en Londres y Los Angeles, con músicos de allí, con arreglos más modernos, y una instrumentación más fresca y ligera.

-La compañía discográfica Ariola le invitó a dejar de grabar a mediados de los 80. ¿Les guarda rencor?

Sigue siendo mi compañía en lo tocante a tres de mis discos, por tanto, no le puedo guardar rencor. Eso no quita que recuerde algunos pasajes de aquella relación con cierta tristeza. En algún momento me hubiera gustado sentirme más acompañado. La verdad es que mi carrera musical ha sido un camino bastante solitario y posiblemente adjudiqué a las empresas discográficas un papel más romántico del que luego se me demostró; no dejan de ser empresas que se rigen por la ley del máximo beneficio en el mínimo espacio de tiempo.

-¿Encontró dificultades en su dualidad castellano-catalán?

Algunas, sobre todo en Catalunya. Es curioso, yo soy de los pocos que pueden decir que han ganado un festival internacional de música fuera de Catalunya cantando en catalán (fue en Vigo, en los años setenta) y, en cambio, en mi casa siempre me he sentido como reducido por mi condición de bilingüe. Demasiados prejuicios. Demasiada identificación con valores “de cohesión”: la tierra, la lengua, la cultura, las señas de identidad… En mi vida como escritor de canciones siempre he intentado romper los límites, saltar las fronteras, acabar con la condición de blanco o negro, hombre o mujer, rural o urbano, obrero o empresario, catalán o valenciano, y acercarme simplemente a la persona que hay detrás. Ese ha sido siempre el hilo conductor de mis canciones. Pero no todo el mundo está en el momento justo para aceptar esa visión de las cosas.

-¿De qué disco o canción guarda mejor recuerdo o se siente más orgulloso?

Hay algunas que me parecen redondas. Condensan todo un sentimiento completo, real, que hace que al cantarlas me emocione con facilidad. Una de ellas es “El extranjero”, que habla, precisamente, de esa dualidad a la que aludías.

-¿Cambiaría algo de lo que ha vivido como músico de renombre?

A veces me pregunto cómo fui capaz de abandonar la música cuando me llenaba tanto. Me pregunto si no debiera haber aguantado algo más la presión de aquellos años. Eso es lo único que a veces me hace replantear cosas, pero tampoco me quita el sueño; en realidad, fui mucho más feliz cuando me desvinculé por completo de la música, porque era un vínculo muy potente y, a veces, doloroso.

-¿Le afectó la fama? ¿Cambió en algo su forma de ver la vida y a las personas?

A efectos personales, para nada. Siempre hay cierto narcisismo en eso de la fama, pero si no eres muy torpe, y quieres vivir feliz, lo superas enseguida. Yo diría que incluso al contrario: mi deseo de ser “normal” era tan intenso, que nunca acabé de construir un personaje. Eso me alejó de algunas personas, pero me acercó a otras, mucho más interesantes.

-¿Cuál es su primer recuerdo de Navarrés?

Comiendo nieve con canela junto a la chimenea, en pleno invierno, con tres añitos, viendo como se me derretía entre las manos.

-¿Vuelve con frecuencia a la Canal?

Cada año por Navidad y luego para las vacaciones de agosto. No podría prescindir de ello. Navarrés es mi vida, pero no sólo Navarrés; cada año vuelvo a Quesa, a Anna, a Bolbaite, a  Chella, a Enguera y, por supuesto, a Xàtiva.

-¿Qué le dice a sus amigos y conocidos cuando habla de Navarrés? ¿Qué es lo más atractivo para usted?

Lo más atractivo es la calidad de vida de la gente; el crecimiento, en términos de riqueza, de estos veinte años ha sido espectacular. Antes siempre había una cierta diferencia entre el medio urbano y el rural. Ibas al pueblo como si fueras el emisario de otro país en el que había cosas, medios y eventos impensables para un pueblo. Hoy, esta diferencia no sólo no existe, sino que bascula a favor del pueblo, dado que goza de un mayor poder adquisitivo en cuanto a relación entradas/gastos. Si tienes el trabajo asegurado (y en Navarrés no falta), en ningún lugar se vive como en el pueblo.

-¿Por qué se decide inicialmente por la arquitectura?

Fue una simple ecuación: me gustan las matemáticas y me gusta el dibujo. Conclusión: seré un buen arquitecto. Luego, una vez en la Escuela, me di cuenta que nunca lo sería. Lo mío era mucho más evanescente, más liviano y perecedero: en la cafetería tomé conciencia real de mi interés por la música.

-¿Qué piensan sus hijos de usted como músico?

Creo que me respetan, aunque no les pregunto, por si acaso. De hecho, han vivido lo mío desde la distancia de una generación, como mínimo. Cuando dejé de cantar, eran aún muy pequeños. Y eso los dos mayores, porque los otros dos vinieron mucho más tarde. Creo que mi vuelta ha sido un pequeño descubrimiento para todos ellos.

-¿Alguno de ellos piensa en dedicarse a la música?

Primero Esteban (23) y ahora Juan (30) y Pierangela (13) tocan la guitarra, pero que yo sepa no hay un interés profesional por medio.

-Cuando regresó a la música, 18 años después, ¿sintió evolución? ¿Le influyó de alguna manera la música actual?

Imagino que, sin darme cuenta, la música siempre me ha influido. Siempre he estado muy abierto a ella, a toda clase de música, a todo tipo de expresión. Me puedo emocionar con un pasacalle de la banda de mi pueblo, escuchando a un Bach jazístico de la mano de Jacques Loussier o con la melancolía africana de Cesaria Evora.

-¿Cómo valora la música que se compone o se escucha hoy en día?

Es muy fresca. Antes, los cantautores estaban muy definidos, respondían a un perfil, que, en el fondo, desvelaba una cierta solemnidad, como si todo fuera muy importante. Hoy, la mayoría de cantantes componen sus canciones y lo hacen sin prejuicios. En realidad, son cantautores, aunque no den ese perfil. Bebe, Javier Ruibal, Juanes, Olga Román, Antonio Carmona, son gente que canta muy bien y, a la vez, escribe canciones muy buenas.

-¿Quién fue su principal fuente de inspiración?

Cada canción surge de su propia fuente. Y las fuentes son de lo más diverso: pueden ser una persona, pero también una noticia, una película, una situación. Para mí, siempre hubo algo en común en todas ellas: algo casi imperceptible, que te conmueve, que te emociona. La emoción ha sido, en definitiva, mi fuente de inspiración a lo largo de toda mi carrera… emociones precisas, no siempre fáciles de aprehender, de plasmar. La emoción, cuando es sincera, te acerca a los demás, hace que se sientan identificados contigo, porque les desvelas lo que ya viven, les haces aflorar esas emociones. Por eso se reconocen en tus canciones.

-¿Atravesó alguna fase sin inspiración?

No es algo que decides que tienes o no tienes, no eres tú quien lo juzgas. Cuando pasa el tiempo te atreves a opinar y, desde la distancia, puedes aceptar que en tal época estabas más o menos inspirado, pero sobre la marcha no te das cuenta de lo que ocurre. Cuando uno está disperso, no se da cuenta de que lo está; si se diera cuenta, posiblemente dejaría de estarlo.

-¿Qué retos vitales mantiene vivos?

Esta pregunta es la más importante de todas, a mi entender. Y me parece bien que me la plantees al final, ya que por sí misma daría para una entrevista completa.

Esa pregunta me la he hecho yo durante toda mi vida, y no hay día que no me la plantee de un modo u otro. Tengo cuatro hijos y una mujer a la que quiero, gozo del crédito personal y la confianza de mucha gente. Durante muchos años fui un buscador empedernido, y con esa búsqueda hice mucha música, mejor o peor, pero siempre sincera.

Hoy me siento más bien un “encontrador”. Creo, honestamente, que mi vida va en la buena dirección. Por eso soy hombre ya de pocos retos: ganarme mínimamente la vida y poder seguir caminando en la misma dirección, en un camino personal que me compromete desde hace cincuenta años. El compromiso de encontrarme a mí mismo.


DOCE CUENTOS DE MÚSICA

José Vte. Miralles.

A través de los directores, en ocasiones heroicos, de las formaciones musicales de diversos enclaves valencianos de interior, desde Sellent a Enguera, pasando por la Llosa o Bolbaite, se nos descubre la cara más discreta  de una de las manifestaciones musicales más autóctonas: la banda. En este caso el esfuerzo es el reverso de lo lúdico y la dedicación, la única forma de supervivencia.

Al hablar de bandas de música en localidades con una población media-baja no se puede olvidar que lo hacemos de una agrupación que más allá de su función lúdica cumple un papel cohesionador que se ha ido matizando a lo largo del tiempo. Al principio, en estos enclaves, a menudo aislados de las capitales debido a carencias en las infraestructuras, el pertenecer a la banda de música era una de las pocas opciones que se le presentaban a cualquier niño, una oportunidad no sólo de esparcimiento o formación suplementaria, sino un modo de pertenecer a la colectividad como miembro activo. De este modo se cumplía con una función identitaria: pertenecer a la banda como una forma de pertenecer al pueblo y de interactuar con gente de diversas generaciones en un proyecto más allá de las paredes del colegio (en el caso de que no fuese necesario cursar los primeros estudios fuera).

Hoy esa realidad ha cambiado, si no completamente, sí lo bastante como para merecer una explicación. Estos pueblos han visto mejorada su red de comunicaciones, con lo que resulta más sencillo para cualquier joven marcharse a continuar su formación en otro sitio. Esta primera consideración puede tener efectos antagónicos en la salud de las bandas de música. En la mejor de las opciones, el que se fue puede volver con una preparación mucho mayor y con un bagaje que lo convierta en un músico mejor de lo que hubiera sido quedándose. Para que se privilegie la primera opción sobre la segunda hace falta, obviando otras consideraciones personales inasibles, echar un vistazo al capítulo económico. En una situación de aislamiento y de ausencia de expectativas que dificulte cuestiones tan básicas como la de encontrar un trabajo, se producirá un proceso natural de diáspora al que la banda, obviamente no es ajena. Este fue el caso de Millares, entre otros, como cuenta el director de su banda, Teodosio Lara. Antes, en la localidad existían tres fábricas textiles, amén de un volumen estable de empresas de construcción, pero cuando esa actividad se extinguió y con ella los horizontes de una parte importante de la población, llegó el desmembramiento. Por otro lado, los estímulos y los ocios posibles se han multiplicado hasta el vértigo convirtiendo en una opción frágil lo que en otro tiempo fue casi un destino.  De este modo, cuando con la dedicación necesaria un alumno podría invertir entre seis meses y un año para formar parte de una banda, ahora se toman entre tres y cuatro años. Cuestión de dispersión de esfuerzos, como se ve.

La vida interna de las bandas que tomaremos de referencia (L’Alcúdia de Crespins, Llocnou d’en Fenollet, Sellent, Bolbaite, Chella, Enguera, La Font de la Figuera, La Llosa de Ranes, Millares, Quesa, Moixent y Rotglà i Corbera) presenta elementos muy similares.  José Elías es el director de las formaciones de Alcudia, Llocnou y Sellent. Además de esta triple ocupación también está en el conservatorio de Alicante, a donde va todos los días. Además este año hizo el intento de ampliar su formación con estudios universitarios pero hubo de desistir. Esta dedicación absoluta a la música  y el necesario recorte que supone a la hora de plantearse cualquier otra cosa no es, sin embargo, la de todos sus músicos. José Elías lamenta – y es una frase que repite en casi todos los ejemplos – las dificultades que se plantean a la hora de sacar adelante los ensayos. Los días escogidos (es lo más habitual) son el viernes y el sábado, pero a pesar de tratarse de una ubicación pensada para interferir lo menos posible con los quehaceres cotidianos de los músicos, la falta de asistencia sigue siendo un obstáculo importante. Esta mentalidad sorprende a alguien como Dolman Adolfo Milanés, un cubano de 72 años que a pesar de dirigir la banda de La Font de la Figuera mantiene su plaza en el Gran Teatro de la Habana. De aquella época recuerda la dedicación constante, el sacerdocio musical de seis días a la semana. Para este hombre, profundamente optimista y vital, enamorado de su trabajo, ser músico es formación constante, aspiración de excelencia, una actitud que se pulsa en los más pequeños detalles. Un músico de verdad, cuando ha faltado a un ensayo debe entrar cabizbajo al día siguiente, sentencia.

El problema de asistencia no es sólo a los ensayos, mal endémico como dice Francisco José Sánchez, director de la banda de Llosa, sino la competencia que tiene que soportar en la figura de otras formaciones musicales inferiores como las charangas. El origen del problema es el mismo: el trabajo para la banda se hace casi siempre de forma altruista, a cambio sólo de la emoción, del placer, del arte. La charanga, a través de sus salidas a fiestas populares, principalmente, ofrece a sus componentes un dinero rápido y más o menos fácil. Esto atrae sobre todo a los miembros más jóvenes que ven aquí una buena posibilidad de conseguir sus primeros ingresos personales. El fenómeno de las charangas es bastante común, pero tiene especial incidencia en un lugar como Bolbaite. De hecho, el director de su orquesta, Francisco Marcos, deplora que siendo la banda la que nutre al pueblo de músicos, después éstos la abandonen o la descuiden por el motivo antes expuesto. El director de las bandas de Quesa y Moixent, Juan Carlos García, lo explica con una imagen elocuente: “aquí de momento todo funciona porque hay cuatro o cinco personas con ganas de luchar, pero cuando ellos lo dejen, se acabó. Es cuestión de actitud”.

En estas bandas, el número de músicos también es muy importante a la hora de valorarlas. Éste oscila entre los 30 y los 60 en líneas generales. Aunque este número puede variar en grandes eventos que congregan a músicos que, sin formar parte de la plantilla estable de la banda, sí les hace ilusión esta participación puntual. A este respecto, para remarcar la diferencia que otorga el número a la calidad y la potencia de la banda, el director de la banda de Rotglà, Cándido Gorka, recuerda que tocando La Divina Comedia con la banda de Muro, con 110 músicos, el Infierno realmente parecía el infierno, hasta llegar a estremecer al último espectador.

La cantera natural de las bandas, por su parte, la constituye la escuela de educandos, lugar de formación primera antes de llegar al conservatorio. En este caso el número de niños y niñas que empiezan en el mundo de la música suele ser bastante superior al de músicos con que cuenta la banda, siendo paradigmático el caso de La Font de la Figuera, con 110 educandos y 40 músicos en la banda. Si bien es francamente positivo este interés en la primera etapa de aprendizaje, después habrá que restar: los que se queden por el camino y los que abandonen su lugar de nacimiento por los motivos antes apuntados.

Finalmente, un punto de convergencia para la mayoría de las bandas es la carencia de una sección de cuerda. Ésta, en opinión de Cándido Gorka, es una carencia grave, ya que la cuerda supone una diferencia importante en la percepción que finalmente tendrá quien escuche a la banda.

José Elías Albal es, como ya se dijo, el director de las bandas de Alcudia, Llocnou i Sellent. Nació en Francia hace 42 años y sus estudios musicales, su instrumento es la trompa, lo movieron entre Xàtiva, Valencia, Carcaixent y Castellón. Con 22 años inicia, a través de su primo, su andadura como director y arranca una trayectoria que no ha conocido interrupciones hasta la fecha. El hecho de llevar tres bandas al mismo tiempo, sus obligaciones familiares y tener que ir todos los días al conservatorio de Alicante ocupa todo su tiempo, de modo que quedan lejos los momentos en que podía dedicarse al jazz o a los bolos con otras formaciones. Asimismo ha firmado composiciones de marchas cristianas y pasodobles.

Francisco Marcos, director de la banda de Bolbaite, nació en ese mismo lugar en 1967 y sus primeros estudios son en la sociedad musical de su pueblo, después pasa al conservatorio de Chella y finalmente cursa en Valencia el grado superior. Su instrumento es el saxo. Asumió la dirección de la banda en el año 92 y afirma que lo movió a hacerlo la curiosidad, un deseo que venía alimentando desde que probó a dirigir algún concierto suelto. Un año antes había terminado el grado superior de saxo y hace un curso de orientación pedagógica. Ahora compagina la dirección con las clases en el instituto de Onteniente como profesor de música. También él probó suerte en actuaciones con su grupo, un cuarteto de saxo que rodó bastante en su momento y en el que se podía pulsar un buen nivel. Además, y siempre movido por la curiosidad de quien quiere probarse en situaciones nuevas, formó parte de una orquesta de verbena. En el campo de la composición a firmado marchas moras, cristianas y pasodobles.

Sempere Bomboí, es el director de la banda de Chella, nació en Albaida en 1976 y a pesar de su juventud lleva más de veinte años ligado al mundo de la música según afirma “porque poca cosa más se podía hacer en un pueblo en ese momento”. Para él el conservatorio, lejos de ser una carga, era una ocasión de hacer lo que le gustaba y de poder encontrarse con los amigos. Continúa su formación en Carcaixent y a los 17 años consigue ya ser profesor de Piano. Después va a Alicante ha hacer el grado superior y, al terminar los estudios de piano, se especializa en lenguaje musical y armonía. Actualmente cursa cuarto de composición, según afirma, porque para su trabajo es necesario el máximo grado de perfeccionamiento, hablar de tú a tú de una partitura con cualquier músico. Como director de banda estuvo en Agullent antes que en Chella, donde lleva dos años y medio. En la parte más lúdica hizo también bolos de jazz latino y fusión.

Teo Aparici, director de la banda de Enguera, nació en esta localidad hace 40 años y se dedica a la música desde que tenía 9. Estudia en el conservatorio de Carcaixent y acaba su formación en Valencia. Posteriormente, al acabar la especialización de saxo, percibe que hay pocas salidas profesionales y hace los cursos de composición y dirección. Antes de asumir la dirección de la banda de su pueblo dirige las de Villanueva de Castellón, Quart de Poblet y Alaquàs, pero su faceta de compositor le hace dejarlo durante un tiempo. Fue así hasta que la banda de Enguera celebró su bicentenario y el presidente, ante la ausencia de director, le propuso coger el cargo. A parte, tuvo también un cuarteto de saxo e hizo incursiones en la música festiva con la orquesta Zíngaros. De esa época recuerda sobre todo la emoción del directo, el poder hacer vibrar al público en una comunicación mucho más cercana, libre de la exigencia de perfección y exactitud que impone la música clásica. También es un compositor activo y en la actualidad se puede encontrar obra suya en diez discos.

El de Dolman Adolfo Milanés es el caso más exótico. Es director de la banda de Fuente de la Higuera, pero nació en Higuanín, Cuba, hace ya 72 años. Fue su padre el que lo introdujo en la música con el viejo piano doméstico. Cabe añadir que su padre no era ningún aficionado, sino director de compañías de ópera y trombonista de la filarmónica de la Habana. Dolman Adolfo alcanzó en Cuba la dirección de óperas y zarzuelas además de una plaza en el Gran Teatro de la Habana. Es un hombre inquieto que ha tocado casi todos los palos del mundo de la música: director de espectáculos de cabaret, circo, bandas de pueblo y sinfónicas por poner algunos ejemplos. Llegó a España hace 12 años invitado a dar una serie de conferencias sobre música cubana y se encontró con un panorama y unos modos de hacer las cosas que no le gustaron demasiado. Por una parte el problema de la dedicación, pero también el del sistema de elección de directores. Vio que a la renuncia del titular lo sustituía el músico más capacitado, con lo que se podía perder al mejor músico para ganar al peor director. Después de esas conferencias, regresa a la Habana a arreglar sus asuntos y vuelve para ir a la Pobla del Duc a dar un curso de un año de directores de orquesta. En el transcurso del mismo entra en contacto con gente de la banda de Bocairent y su vida vuelve a dar un salto. Se instala allí durante tres años y forma la primera banda de jóvenes. De estos 12 años en España el balance que saca es positivo; existe un buen nivel general, pero hace falta persistir en la formación, aspirar siempre a la excelencia, tener conciencia de músico, profesionalizarse en suma.

El director de la banda de Llosa es Francisco José Sánchez Roca, de 42 años. Su formación arranca en la sociedad musical de Xàtiva y continúa en el conservatorio de Valencia. También cursó magisterio y es profesor de música en Genovés. Si bien es un recién llegado a la banda de Llosa, lleva 18 años esgrimiendo la batuta en las formaciones de Genovés, Bellreguard, Rótova, Canals y Ontinyent. Como el resto de nuestros protagonistas, también Francisco ha tenido una actividad musical paralela. Percusionista, en su época de juventud tocó la batería en diversos grupos y orquestas de verbena. Ahora mismo sigue haciendo bolos con la capella de música Saetabis.

La banda de Millares está dirigida por Teodosio Lara, jienense de 46 años. Su formación arranca en Paiporta y se termina de perfilar en Valencia, donde escoge como instrumento el saxo. Teodosio llegó a Valencia desde Jaén para terminar sus estudios de EGB y a través de su cuñado, músico militar, conoce la pasión de la música. Después de estudiar en el conservatorio gana unas oposiciones para ser músico militar en Zaragoza, donde sigue preparándose, y posteriormente es trasladado a Valencia con destino a la banda de la división acorazada. Hubiese seguido con esa vida de no ser porque un compañero, el director de la banda de Macastre, le dijo que había una vacante para dirigir en Millares. De eso hace dieciocho años, una época que el define como feliz. Para completar su capítulo de ingresos da clases de educación especial.

Juan Carlos García López es el director de las bandas de Quesa y Moixent. Nació en Canals hace 40 años y es allí dónde se inicia en la música, en particular con el clarinete. Una vez finalizados sus estudios superiores pasa a formar parte de la junta directiva de la Banda de Canals, lugar donde permanece como profesor de lenguaje musical. Asimismo sigue preparándose en los campos de armonía y análisis. Además es profesor de secundaria con plaza en propiedad. Fue en septiembre de 2005 cuando surgió la posibilidad de dirigir a la banda de Moixent, a raíz de un proyecto presentado por él. Sólo un mes más tarde lo llaman de Quesa para hacerse cargo de su banda. Por si fuera poco, es director de la escuela de música de Moixent, lleva su conjunto instrumental y los fines de semana actúa con su grupo como cantante y pianista. Para Juan Carlos, el mayor cambio en 20 años en la figura del director lo marca la necesaria especialización. Antes el director debía saber tocar todos los instrumentos y además impartir las clases. Hoy la preparación es mucho más concreta y abarca otros campos del ejercicio musical. A pesar de todo, apunta, no se ha alcanzado el reconocimiento debido.

Por último hablamos de Cándido Gorka Arnau, de 35 años, natural de Llocnou y director de la banda de Rotglà. Su relación con la música empieza cuando, siendo un niño, un hombre llegó a su pueblo diciendo que quería montar una banda de música. Aquello no sólo le ilusionó, sino que se convirtió en una nueva posibilidad excitante dentro del pequeño abanico de recursos que le ofrecía Llocnou. De aquella banda, siete u ocho alumnos continuaron después en el conservatorio. En su caso fue a Xàtiva y terminó el grado medio, pero sus circunstancias personales, el hecho de estar casado recientemente, le impiden terminar el superior. Cuando terminó de estudiar la banda de Rotglà le ofreció hacerse cargo de la dirección, hace ahora seis años. Al principio lo tomó con cautela, quería saber si le iba a gustar y si a los músicos les iba a gustar él. Hicieron la prueba y fue un éxito. Ahora sí, decide aumentar su formación y hace un curso de dos años de dirección. En cualquier caso, afirma que es muy complicado vivir exclusivamente de la música y compagina esta actividad con la gestión de una empresa de hierros. A nivel personal ha realizado algún concierto tocando la tuba con una banda de metales.

QUATRE CAMINS  –Historia de un cambio-

Christian Galdón

En un momento en que las corporaciones municipales se están inclinando cada vez más por las mejoras de las instalaciones polideportivas y la hierba artificial se expande como símbolo y bandera de la modernidad frente al anacrónico color marrón de los campos de tierra, la Unión deportiva Canals se plantea la cuestión de un cambio que parece inevitable. El Quatre Camins, con sus casi 60 años de historia, bien podría entrar a formar parte del catalogo de bienes patrimoniales del deporte valenciano. Su peculiar entorno de casas emblanquecidas soportando las gradas y las reducidas dimensiones de un terreno de juego que puede recordar a los circos romanos, son algunas de las muestras características de este clásico del fútbol regional. Frente a todo ese bagaje histórico emerge el dilema que arrastra consigo cualquiera que decline adaptarse al paso del tiempo, el de quedarse anticuado. El Campo del “Quatre Camins” es un campo viejo, con demasiado pasado sin renovar, tanto es así que pronto dejará  de reunir  las condiciones  reglamentarias exigibles por la Federación Española de Fútbol. La hora del cambio ha llegado y el nuevo estadio ya  empieza  a levantarse, Canals no iba a ser menos. Enrique Grau, presidente del club desde hace cuatro años, nos lo cuenta ilusionado.

El Quatre Camins es un campo con historia, casi podríamos considerarlo como patrimonio histórico del deporte valenciano…

Por la antigüedad y por las circunstancias en las que se mantiene íntegramente tal y como en un principio se concibió, sí podríamos hablar de patrimonio del deporte valenciano. Esto no quita para que reconozcamos que  el campo sinceramente, es ya un campo que no tiene razón de ser, porque no reúne las condiciones que debe ofrecer un campo  para jugar partidos oficiales, aunque sea en categorías regionales, por lo que no  podemos sentirnos orgullosos de que éste campo este en activo sin afrontar las correspondientes medidas por parte  del gobierno municipal.

Hablemos del pasado del Quatre Camins…

Tendríamos que remontarnos al año 1947-48, pues antes del Quatre Camins estaba el llamado “Campo de la Serpiente”. Ya posteriormente se sitúa en el sitio donde ahora se encuentra. En aquel momento  no había nada que limitase el campo, por lo que se empezaron a hacer las ubicaciones de las primeras vallas, se cerró el campo y se comienzan a hacer  mejoras,  aunque más que mejoras, necesidades irrescindibles para que el campo tuviera un uso público. Con todo ello el campo estaba alquilado,  no era del municipio de Canals, y me cabe la satisfacción de que fue mi padre, que por entonces estaba de alcalde, el que lo compró  a los dueños del terreno por un valor de 25.000 de las antiguas pesetas. Desde entonces  paso a formar parte  del patrimonio municipal, y ha seguido así, y sigue siendo lógicamente propiedad del ayuntamiento.

Una ciudad  como Canals, que  crece a un ritmo acelerado y que se  podría considerar  como una segunda capital  en la Costera, debería tener ya  un campo nuevo ¿no crees?

Desde hace años  que somos conscientes de que el campo no reúne las condiciones necesarias,  estoy hablando de 30 años como mínimo. Ha transcurrido todo este  tiempo y siempre hemos  pasado de promesa en promesa, de posibles realidades que no se han canalizado bien y no se han llevado hasta el final. La verdad es que es una historia repleta de decepciones, porque nunca se ha dado un resultado positivo y la prueba es que  seguimos estando con el campo que tenemos. Y el Canals ha pasado por momentos muy brillantes en su vida activa como club, manteniendo siempre una categoría importante ha nivel regional e incluso a nivel nacional. La verdad es que  hasta el día de hoy la categoría deportiva del club siempre ha estado por encima de sus  instalaciones.

¿Podemos concluir entonces que es el momento del cambio?

Sin duda alguna es  inevitable, ya que resulta  además  una necesidad propia, pues se da la circunstancia de que quien tiene que juzgar y supervisar las instalaciones es la Federación Española de Fútbol, de quien lógicamente dependemos, puesto que los comités  de competición y los comités de apelación ya no serán  los regionales, sino los nacionales, con  lo cual tendremos muchos problemas a la hora de utilizar nuestro campo actual, de ahí la imperiosa necesidad de tener un campo nuevo, y  creo que estamos en el camino bueno, pues hay un proyecto definitivo que se ha aprobado en la comisión deportiva correspondiente y que  se pondrá a exposición. El vallado del terreno donde se va a situar el campo se ha llevado a cabo y ya  ha habido un movimiento de tierra importante, por lo que las obras ya no se van a paralizar. Yo confío que a la vuelta de un año tengamos un nuevo campo en Canals completamente acabado.

Un campo como el Quatre Camins, es un campo en vías de extinción ¿no existe cierta nostalgia por el abandono inminente de este recinto tan peculiar?

Si hay nostalgia, pero el cambio, como he dicho antes es ineludible, las circunstancias mandan en ciertas ocasiones. Aun así y todo me consta  que  a parte de que funcione el campo del “Nou Quatre Camins”,  quieren que lo haga también  el  “Quatre Camins” actual, al que se le implantará césped artificial para esta temporada que viene. A  mi me parece una excelente idea, porque tendríamos así dos instalaciones de las que podremos disfrutar.

Primero Xátiva, luego Vallada, ahora Enguera, los ayuntamientos han optado definitivamente por el cambio. Pronto los niños ya no podrán decir: “Yo jugué en un campo de tierra…”

El color marrón  de los campos de tierra está  desapareciendo, y eso es lo que te crea  cierta envidia y rabia cuando al visitar ciudades que deportivamente e incluso en número de  habitantes están por debajo de Canals,  ves instalaciones que sobrepasan en mucho las nuestras. En cualquier caso el “Quatre Camins”  se ha mejorado un poco con los vestuarios nuevos, pues antes esto parecía el foso de los leones desgraciadamente. Digamos que se han hecho pequeños acomodos a la espera del elemento fundamental que es el césped de última generación, para que cada vez que llueva no tengamos que mirar al cielo pensando en la más que posible suspensión del partido. Ya hay concedidos 400.000€ por parte de  la Federación Española de Fútbol para la construcción del campo, esto junto con la aprobación el 18 de Mayo del polígono industrial y la creación de un nuevo instituto hará crecer a la ciudad.

¿Estrategia electoralista por parte de los gobiernos municipales  o respuesta a una necesidad esencial?

En nuestro caso se trata de una  respuesta a una necesidad. Los campos de tierra tienen los días contados, los convenios de las corporaciones municipales con las entidades financieras facilitan mucho la inversión a largos plazos y Canals no ha de ser menos. Con la notoriedad de que cuando hay un campo de césped artificial el porcentaje de participación activa de jugadores contratados  se duplica, ya que hay mucha gente que no quiere jugar en Canals porque el campo no reúne condiciones, y esto  se tiene que tener en cuenta. Con este tipo de campos de hierba se produce una verdadera revolución, todo el mundo quiere jugar, surgen otra vez los veteranos, la gente de entre 30-40 vuelve otra vez a participar, el fútbol de empresas se incrementa  y juegan más equipos,etc.

¿ Cree que se verá mejor fútbol en el nuevo campo?

Estoy totalmente convencido de ello. La gente quizás no lo sabe, pero confeccionar un equipo para un campo de tierra  como el “Quatre Camins” tiene muchos problemas. Los jugadores en primer lugar prefieren jugar en campos buenos que en campos de tierra, lógicamente brilla más su labor en un campo que en otro. Esto supone  una dificultad en general, pues para que vengan buenos jugadores tienes  que hacer un esfuerzo económico mayor, porque de alguna manera tienes que compensar.

¿La cuestión del nombre del nuevo estadio está decidida? ¿Y la de su capacidad?

La tribuna que formara parte de las instalaciones completas del campo tiene una capacidad para mil espectadores, más las personas que se puedan situar en  los alrededores del terreno de juego, calculo entonces  que este campo puede estar perfectamente entre las 3.500 o 4000 personas .Esto es interesante porque con el convenio que se ha firmado con la Federación, esta puede facilitar la presencia de equipos nacionales, sub-21, sub-17, en el campo del Canals. Así la población podrá disfrutar de partidos de fútbol internacional. En cuanto al tema de la nominación del estadio yo creo sinceramente que el campo queda autodeterminado por el lugar donde se encuentra ubicado. Esta zona es Quatre Camins, así que  yo diría que nace bautizado, y  teniendo  ya el Quatre Camins actual  lo bonito seria que en un futuro pudiera verse lo que era un campo y lo que va a ser el “Nou Quatre Camins”. No obstante quien tenga que decidir esto en su momento decidirá y mi opinión no dejará de ser  una opinión más, pero pienso que el “Nou Quatre Camins” seria el nombre ideal…

Después de estar luchando tantos años por la consecución de un nuevo campo ¿no le ilusiona y satisface a la vez ser el presidente que lo inaugure?

Hombre…sí me ilusiona porque es un objetivo, como te he dicho antes, en el que venimos trabajando desde hace más de 30 años. Llevamos asimismo 3 años de conversaciones, diálogos, y de reuniones con el ayuntamiento, con el gobierno municipal, y las cosas no han ido mas deprisa porque no hemos sabido, o porque no hemos podido, pero no porque no hemos querido. Todo el mundo ha puesto la buena voluntad  que hace falta en este tipo de situaciones, pero son muchas las trabas que hay que salvar, las gestiones que hay que hacer, económicas, deportivas, oficiales, legales, y eso quieras o no, ha retrasado la construcción del estadio. Aunque lo que me satisface de verdad es aportar que todo se haya planteado en un momento en que la presencia de aficionados al campo del Canals es todo un record. Tenemos una afición maravillosa, que nos apoya en todos las fases de la temporada  y eso ha sido determinante a la hora de obtener buenos resultados. Además los grupos de jóvenes han vuelto al campo, le han dicho “si” al fútbol  y la muestra de ello la tenemos en el “Frente Pistacho” que siempre nos acompaña.

¿Cuál va a ser el papel del “Quatre Camins” cuando las obras del nuevo estadio estén finalizadas?

Aparte de la UD Canals, en estos momentos están dos escuelas de fútbol base: la escuela del Canals, y la escuela de la Costera. La escuela del Canals verdaderamente tiene una cantidad de jugadores impresionante y además funciona de maravilla, francamente bien, me cabe la satisfacción de poder decir que es una escuela ejemplar . La de la Costera es una escuela que ha nacido posteriormente, esta intentando abrirse paso dentro del fútbol base y eso demuestra que en Canals hay una inquietud grande  por el deporte y en particular por el fútbol, que es el que mas arrastra y el que mas gente atrae. Entonces el campo, en un principio y con la modificación del césped artificial para la próxima temporada, lo utilizarían estas escuelas de fútbol base.

INTERIOR. Sociedad y cultura en La Costera y La Canal

La revista Interior trata de recoger las inquietudes culturales y sociales de las comarcas de La Costera y La Canal de Navarrés. A través de sus 48 páginas se muestra el protagonismo de las artes, de la gastronomía, de la gente y de los rincones más espectaculares de una de las zonas menos conocidas de la provincia de Valencia.

En cada número se intentará, además, dar cabida al mayor número de pueblos que comprenden las 2 comarcas, para que todos los habitantes se sientan identificados con la publicación y partícipes de la idea.

El objetivo final es conocer mejor a los personajes relevantes que estén ligados a ambas comarcas, pero también dar voz y profundizar en diferentes aspectos que rodean la vida de los habitantes de La Costera y La Canal de Navarrés.

Acerca de enriquepallas

Me he dedicado siempre a la comunicación y con este blog quiero dar salida a todos aquellos materiales que cuando realizas un trabajo de documentación quedan fuera por diversas razones.
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